viernes, 18 de enero de 2008

De Borradores

Es la hora de dormir, de soñar... Esta noche voy a soñar que duermo contigo.



Me digo constantemente que es lo mejor, pero al instante se me olvida el porqué de esta situación, por qué dos personas que se quieren tanto no están juntas. Es como cuando estudiaba matemáticas, que haces las integrales mecánicamente y las aprendes de memoria y cuando preguntas por ellas lo único que te hacen es hablarte de las derivadas, que, por supuesto, tampoco comprendes...
Cada día que pasa, a cada momento me hago más preguntas. Hay momentos en los que me invade la tristeza, como cuando llego a mi casa y me afloran las sensaciones, entonces lloro con rabia, me desplomo y acabo rendida. Otras veces es el enfado el que surge y es entonces cuando conecto con la fuerza que me hace no llamarte ni enviarte mensajes, contactar contigo para preguntarte cómo estás. Orgullo, le llaman. Pero uno de mis fallos es que de eso apenas tengo de origen y me lo tengo que fabricar, y la producción va a todo trapo porque me quedo sin existencias cada diez minutos.
Me siento tan impotente...

¿Cómo imponer el ínfimo peso de la razón ante el inconmensurable tamaño de los sentimientos?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los sentimientos y la razón fluyen por cauces diferentes.